Regalar un anillo de compromiso es una manera de asegurar el cumplimiento de la promesa de matrimonio que se le ha hecho a la otra persona. En España esta costumbre es relativamente reciente. En las pedidas de mano era más habitual regalar una pulsera o incluso un collar grabados con el nombre de la pareja como garante de la promesa de boda, pero la opción de regalar un anillo está cada vez más extendida. El hombre suele recibir un reloj o unos gemelos, aunque hay mujeres que le regalan un anillo. El intercambio de joyas de pedida en muchas parejas suele ser recordada toda la vida, llevando a cabo para su entrega auténticos rituales, desde los más tradicionales hasta los más originales.

Origen en la antigüedad

La entrega del anillo de compromiso se remonta a la antigua Roma, cuyos patricios tenían por tradición regalar una argolla de metal a sus prometidas para garantizar que cumplirían su promesa de casarse con ellas, y que conservaban hasta el día de su boda. También en la Grecia antigua existía la tradición de regalar argollas en un ritual similar a lo que hoy conocemos como pedida de mano: el pretendiente regalaba un anillo al padre de su amada. En este sentido también constituía un recibo de la recepción de la dote por parte de la familia de la novia.

Un valor equivalente al de la promesa

El anillo de compromiso se ha convertido a lo largo de los siglos en una pieza de gran valor. Era el aval de una promesa de gran magnitud, la de contraer matrimonio, por lo que debía tener un valor equivalente. De esta manera la familia de la ella se aseguraba de que la palabra del novio no se rompía así como así y el novio se aseguraba de que la chica no aceptaba otros pretendientes, ya que el obsequio evidenciaba que ya no estaba libre. Así, esa pieza tan valorada en forma de aro pasó del hierro al oro con el cristianismo y el descubrimiento de América, y posteriormente se le incorporaron elementos que aumentaban su valor, como las piedras preciosas (en concreto, el diamante).

El anillo de oro y diamantes

La moda de regalar un anillo de compromiso de oro y diamantes la inició el archiduque Maximiliano I de Habsburgo en 1477 cuando se comprometió con María de Borgoña. Esta joya, que se encuentra en el Kunsthistorisches Museum de Viena, presenta diamantes dispuestos en forma “M” gótica, que simbolizan la Virgen María y a la vez la unión eterna de los dos prometidos. En otro post hablaremos de este enlace y de este emblemático anillo.

A pesar de que el catolicismo inicialmente receló de esta tradición, por considerarla materialista, su simbolismo terminó por situarlo como símbolo católico de la indisolubilidad del matrimonio. La forma del anillo representaba la eternidad, entendiéndose que el círculo no tenía fin. Los diamantes, que etimológicamente hacen referencia a su “indomabilidad”, eran una representación de lo indestructible, de la firmeza de la unión. Se suele llevar en el dedo anular (la mano varía según el lugar), por donde se cree que pasa la vena llamada amoris, que va directamente al corazón.

El anillo de compromiso: significado desde el último siglo

La costumbre de regalar un anillo, concretamente uno con diamantes, en el momento de pedir a alguien en matrimonio se ha generalizado en Occidente a partir de 1947. Fue a raíz del eslogan de una campaña estadounidense, pensado por la periodista Frances Gerety para la firma De Beers, “A diamond is forever”. Esa campaña consiguió que en el imaginario colectivo un anillo de compromiso no pudiera ser tal si no era de diamantes (hoy casi un 80% de los anillos de compromiso que se venden en todo el mundo llevan esta piedra preciosa), y que un compromiso no pareciera tal si no se regalaba un anillo a la mujer. Y así ha perdurado hasta hoy, en que este detalle con siglos de historia sigue teniendo un significado muy especial para muchas parejas.